20 septiembre, 2017

Berlín (II)

     Campo de Concentración de Sachsenhausen.

Ya que estás en la ciudad de Berlín la excursión al famoso Campo de Concentración debería ser obligada.  

Debo advertirte que visitar el campo de Sachsenhausen no es una experiencia agradable que digamos, al contrario: realmente es como revivir la tragedia que vivieron los prisioneros. Sin embargo, creo necesario trasladarse hasta él para ver uno de los lugares, que han pasado a la Historia, por la brutalidad aplicada y la masacre producida.

          Datos referentes al traslado, horario y precio.

El Campo de Concentración de Sachsenhausen está a las afueras de una pequeña localidad llamada Oranienburg (en Brandenburgo, Alemania) a 35 kilómetros al norte de Berlín. La mejor forma de desplazamiento, desde la ciudad, es en transporte público. En la estación de trenes de Alexanderplatz tomamos uno hasta Oranienburg. El trayecto es muy ameno y dura una hora, aproximadamente.

El Campo de Concentración está abierto al público en horario interrumpido de mañana y tarde. Cuando nosotros fuimos abría a las 08:30 horas y cerraba a las 18:00 horas. El coste de la entrada es variable, dependiendo que seas adulto, menor, estudiante… Así que lo mejor para saber cuándo te costará visitarlo es acceder a páginas de información web.

Para visitarlo a fondo precisarás invertir media jornada.

          Diferencia entre Campo de Concentración y Campo de Exterminio.

Antes de adentrarnos en Sachsenhausen opino que es de vital importancia que sepas diferenciar entre un Campo de Concentración y un Campo de Exterminio.

El Campo de Concentración era un tipo de Campo de Trabajo que servía para la detención de personas, las cuales estaban hacinadas, carentes de derechos y/o respeto y diariamente eran sometidas a durísimas condiciones de vida.

Los primeros Campos de Concentración se crearon en Alemana en 1933, año en el que Adolf Hitler alcanzó el poder. En ellos se recluyeron a un multitudinario número de personas consideradas “enemigas” por ser contrarias al régimen político implantado, más bien impuesto (partido nacionalsocialista o nazi.) Por tanto, seguidores o simpatizantes del partido socialista y el partido comunista alemán fueron detenidos y trasladados a los campos. Y como no, judíos, discapacitados, gitanos, homosexuales, rusos… Fueron organizados por las S.A. (Organización Paramilitar del Partido Nazi) y La Policía (Las S.S. Schutzstafell, Escuadrillas de Defensa o Escuadrillas de Protección, Guardia de Élite del Estado Nazi.)

Al final todos los campos de concentración y trabajo se centralizaron en seis. Sus nombres son (figuran en orden cronológico):  DACHAU, SACHSENHAUSEN, BUCHENWALD, FLOSSENBÜRG,  MAUTHANSEN (o Campo de los Españoles) y RAVENSBRÜCK. Desde entonces los prisioneros quedaron custodiados por las temibles y terribles S.S.

El Campo de Exterminio: en el año 1941 comenzaron a funcionar con una clara finalidad puesto que estos campos no fueron diseñados para aniquilar personas (en este caso TODAS INOCENTES) por realizar trabajos forzados. Para nada. Su principal objetivo fue la exterminación, en el menor tiempo posible, de la mayor cantidad de personas que pudieran.

Aunque los nazis persiguieron y asesinaron a diversos tipos de personas, su empecinamiento recayó en los judíos. La desorbitada cifra de hombres y mujeres asesinados ascendió a los 6.000.000 (seis millones, siendo en su mayoría personas judías.)

Los nazis creyeron estar por encima del resto de las razas; su idea se basaba en la supremacía de la raza, la raza aria. Ellos sentían que eran especiales, mejores que el resto del mundo. Es por ello que las demás razas debían ser exterminadas… Sobre toda la judía.

En julio del año 1941 se elaboró “La Solución Final de la Cuestión Judía” (consistente en la aniquilación de los judíos a través de procedimientos biológicos.) Y el 20 de enero del año 1942 -tras la celebración de la conferencia de Wannsee- se ultimaría el plan (completamente descabellado) para exterminarles.

En los campos de exterminio las personas vivían (o mejor dicho, malvivían) en condiciones infrahumanas, hacinadas en barracones donde no había higiene ni nada con que poder cubrir las necesidades básicas de un ser humano. Y mientras aquellos INOCENTES se debatían entre la vida y la muerte, intentaban sobrevivían al hambre, a la sed y al sinfín de enfermedades y epidemias que pululaban -con la libertad que a ellos se les había arrebatado vilmente- por todos y cada uno de los rincones de los campos.

El personal responsable de los campos era implacable; y cientos de modos de tortura y asesinato fueron aplicados despiadadamente por las S.S. haciendo que la vida de los presos fuera un completo infierno.

Ahora que ya sabes diferenciar los campos, metámonos de lleno en uno.

          Llegada a Oranienburg.

Desde la parada de Oranienburg hasta el Campo de Concentración de Sachsenhausen hay una tiradita andando, así que sal de la estación y ve siguiendo las indicaciones. No hay pérdida, en menos de un cuarto de hora estarás en la puerta principal del campo donde se puede entrever “Museum Sachsenhausen” (la pared que recibe a los turistas y visitantes está fragmentada.) Luego de traspasarla dirígete al punto de compra-venta de entradas. Junto al recibidor verás una estantería, su interior guarda lo que en el pasado fuera una botella de cristal verde. La boca está colgada, junto a un pedrusco, sujeta por un alambre a un clavo de la pared, mientras el cuerpo está debajo, hecho añicos. Esta botella tiene su propia historia.

Antes de acceder al campo buena opción es alquilar allí mismo un audio guía (cuesta unos dos o tres euros.) Te lo cuelgas al cuello, seleccionas el idioma y en los diferentes puntos podrás escuchar desgarradores testimonios reales y descubrir impactantes historias (como el de la citada botella.)

Según vas avanzando hacia la entrada, acceso al campo en sí, verás fotografías de algunos prisiones, ya liberados; otras de cadáveres…

Unas 30.000 (treinta mil) personas fueron asesinadas en Sachsenhausen.

Una puerta de hierro y enrejada da la espléndida bienvenida con el letrero en alemán “Arbeit Macht Frei” pudiendo ser traducido con las frases: El Trabajo Libera, El Trabajo te Libera o El Trabajo os Hará Libres.)

El Campo de Concentración de Saschsenhausen (recorrido interior.)

En el año 1936 los nazis construyeron el campo que, cual abanico, se despliega ante ti. Al frente se alza el monumento (obelisco, año 1961) en memoria a la liberación del campo. Repartidos por  él  verás los barracones donde vivían (o descansaban y dormían, o lo intentaban) los prisioneros. El mero hecho de entrar y ver uno por dentro producirá en ti unas sensaciones extrañas. Nosotros entramos en varios situados a la derecha. Literas donde podrían llegar a dormir varias personas, una mesa (supuestamente para comer) con su asiento y un cuarto de baño compuesto por una serie de letrinas, así era y es la estructura interior de las barracas. Estar allí te hace imaginar… Sucesos atroces… Actos malos y perversos. Y te parece estar viendo cuerpos hambrientos y sedientos, tumbados, cansados; cuerpos que han estado expuestos, en el patio central del campo, a las inclemencias caprichosas del tiempo… Tras jornadas interminables de trabajo: y otros más enfermos o muertos por inanición, por agotamiento.

Todavía, a día de hoy, me formulo, una y otra vez, la siguiente pregunta: ¿Cómo pudo suceder aquello?

Fueron personas, igual que tú y que yo. Y me cuestiono todo; incluso la existencia de un Dios.

La visión del interior de los barracones es horrible; pero lo peor aun no ha llegado, está por llegar. Celdas de castigo y tortura. Salas donde se practicaban autopsias, o lo que es más grave, donde se experimentaba, con personas… Vivas… Con niños. No se aplicaban métodos anestésicos… Quizá deberías verlo por ti mismo. Quizá… Algún día.

Y hay más, mucho más aterrador, más horripilante: en salas subterráneas están las cámaras de gas. Y fuera más horror: los crematorios.

Puedo asegurarte que, allí dentro, tendrás muchos sentimientos. Y todos irán de la mano de la tristeza y la pena; y también de la impotencia e incomprensión.

En la zona de los crematorios se encuentra el monumento en memoria del prisionero. Cerca de allí se ubica una de las zonas donde se realizaban los fusilamientos. Y hay otras abiertas donde se ahorcaba, azotaba…

No puedo evitar entristecerme, enrabietarme; al tiempo que escribo voy recordando… Aun con todo lo que supone, realmente merece la pena visitar un Campo de Concentración y ver -con tus propios ojos- una parte de la Historia de la Humanidad que jamás, jamás debería volver a repetirse.

Fue un error, un terrible error del que TODOS debemos aprender. Trajo consecuencias, pagaron inocentes… No tengo palabras. Lo dejo aquí para que cada cual piense y reflexione acerca de ello.

Algunos barracones son una especie de museo. Albergan todo tipo de cosas y objetos relacionadas con lo sucedido.

Los barracones de la izquierda, donde están las salas en las que se practicaban experimentos clínicos, hay imágenes y recortes de prensa de los nazis, trajes de soldados, documentación… Instrumentos musicales… Y el típico “pijama de rayas que llevaban los presos.”

En otros barracones, centrales, verás documentos y escritos,  dibujos muy explícitos de formas de tortura, suelas desgastadas de zapatos…

          Deja tu mensaje pacifista. Deja un pedacito de tu corazón.

Tienes una oportunidad única, hay unas hojas en blanco… Deja tu mensaje, uno de Amor. O reconciliador, o escribe solo por desahogarte…

Particularmente nada escribí; sin embargo Carlos, mi marido, sí dejó escrita su impresión:

“Impresionante terror el que se tuvo que vivir. El ser humano no aprende se sus errores y olvida la Historia. Deseo que este horror no vuelva a producirse. Todos somos iguales.”

          Final de la visita a Saschsenhausen.

Ya fuera del campo verás placas en homenaje a los asesinados. Pasea por el lugar, despacio. La música será tu compañera, está en el ambiente, envolviéndote. No salgas con sentimientos de odio o rencor. En contraposición a lo que hayas podido sentir dentro, respira la paz que emana y siente su calma, siente paz.

            Otros sitios que visitar en la ciudad de Berlín:

Diversas edificaciones (iglesias o sinagogas) museos y parques repartidos de este a oeste. Pero prefiero dejarte con la curiosidad… Así podrás descubrir, por ti mismo, estos otros lugares.

          Bebida y comidas típicas (pequeña muestra culinaria.)

Respecto a la carne uno de los platos típicos es el Eisbein, consistente en codillo de cerdo en salmuera con col agria y puré de guisantes. Los pescados están muy presentes en la gastronomía berlinesa. Cocinan la angula verde, el lucio y la perca, y los suelen rociar con cerveza. Porque si algo se bebe en Alemania es cerveza.  La autóctona de la ciudad de Berlín es la cerveza Berliner Weisse.

Un dulce típico de Berlín son precisamente las berlinas (parecidas a los donuts.) Allí reciben el nombre de Berliner Pfannkuchen.

Esperando no nos hayáis empachado -pues por algo he sido breve con el tema culinario- deseo que este artículo os haya servido para conocer algo más Berlín.

Por Carolina Olivares Rodríguez.

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