Carta de Santa Caterina a Sant Antoni

Pocos minutos después de las diez de la mañana, un lunes de septiembre, el mercado de Santa Caterina acumula ya varias horas de trabajo, tanto de cara al público como, sobre todo, entre bambalinas. Los pasillos están aireados, no hay agobios y el pescado se toma su tradicional día libre. No muy lejos de aquí, al otro lado de la Rambla, también se despereza Sant Antoni, un primo hermano que acaba de estrenar edificio y con el que comparte muchas cosas: unas obras que se alargaron más de lo previsto, una ubicación golosa para los turistas, un urbanismo amable para las personas. Y una ciudad cambiante de la que nunca quedan al margen. Santa Caterina pasó por el cambio hace más de una década. Eso le da perspectiva y cierta sabiduría. Esta es su experiencia, contada por sus protagonistas. Toma nota, Sant Antoni.

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