El ‘orgullo charnego’ desborda de complicidades el Ateneu L’Harmonia de Barcelona

Está de pie, al final de la abarrotada sala, con su coleta alta y sus aros en las orejas. Nació en los 90, en la Trini, se presenta cogiendo el micrófono valiente, seguramente una de las mujeres más jóvenes de la sala. «Por generación, no tenemos el estigma de la palabra charnego, pero hay cosas que no hace falta que te las digan. Que las notas», señala la joven arrancando un aplauso cómplice entre las decenas de asistentes que llenaban una sala, demasiado pequeña para las ganas que resultó haber, del Ateneu L’Harmonia, en la Fabra i Coats, en la primera edición del Festival de Cultura Txarnega. «Mi madre nos quiso apuntar al colegio aquí, en Sant Andreu, buscando una educación mejor. Mis compañeras de clase hacían ballet y yo hacía sevillanas, porque en la Trini todo el mundo baila sevillanas«, comparte la joven antes de pasarle el micrófono a su hermano, quien añade que cuando vieron el evento en Facebook pensaron: «Ahí tenemos que estar; este es nuestro sitio».

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