Okakiben: La aplicación para compartir comida casera con los vecinos

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Okakiben es una aplicación móvil que permite conectar a los cocinillas con sus vecinos. Y a los vecinos, conseguir comida casera fácilmente y a precios muy competitivos. Asimismo, Okakiben puede ayudar a atajar el grave problema del despilfarro alimentario.
“Okakiben” es una declinación del concepto japonés del Bentō: cajas de comida para llevar que los fundadores de Okakiben desean que reflejen la personalidad de sus cocineros. Desde esta semana, la aplicación ya está disponible en España

¿Qué es Okakiben?
Un día, Mariana Oliveras volvía del trabajo cuando, en su rellano, empezó a oler a curry. Su vecina, natural de la india, estaba cocinando en casa y el aroma perfumaba el portal. Al entrar en casa le dijo a su hermano, Ignacio Oliveras, que era una pena no poder comprarle a su vecina lo que estaba cocinando. Ambos, barceloneses, de 39 y 37 años, se pusieron a darle vueltas a esa idea. Aunque ya había aplicaciones que conectan a particulares para reparto o para intercambiar cosas, como habitaciones o trastos usados, ninguna permitía conectar a cocineros caseros con sus vecinos.

¿Y si existiera un Airbnb de la comida casera? Tanto Mariana como Ignacio son ingenieros, así que unieron sus fuerzas a las de varios amigos para crear la empresa.

“Okakiben” es una declinación del concepto japonés del Bentō: cajas de comida para llevar que los fundadores de Okakiben desean que reflejen la personalidad de sus cocineros.

La aplicación ya ha sido lanzada en modo beta en Holanda, donde cuenta con más de 100 usuarios que han ayudado a ambos hermanos a mejorar la aplicación, que ahora se acaba de lanzar en España.

Para celebrar la feliz ocasión, Ignacio va ofrecer una merienda el lunes 30 de abril de 2018 a todos los amigos de Okakiben en Barcelona, de 6 a 8 de la tarde en el número 7 de la Plaza del Doctor Letamendi. Más información: mybento@okakiben.com

El grave problema del despilfarro alimentario
Un tercio de la producción mundial de alimentos nunca se consumen. Si bien este despilfarro afecta a todas las etapas de la cadena (producción, distribución, consumo), los consumidores son los actores más ineficientes en este grave asunto, porque un 30% de alimentos no consumidos suponen un 30% de tierras de cultivo innecesarias y la deforestación correspondiente. Arar y transportar estas tierras tiene igualmente un coste energético evidente, que la FAO calcula en una tonelada de CO2 por persona y año en los países ricos (y el calentamiento del planeta correspondiente).

Los datos para España son también del todo preocupantes: según el Ministerio de Agricultura, una familia española de cuatro miembros consume de media 50 kg de comida cada semana, de los que más de 16 kg nunca se consumirán. Si este hogar hipotético se multiplica por 10 millones, se empezará solamente a tener una perspectiva aproximada de este importante asunto.

Este es un problema al que todo el mundo contribuye cuando, por ejemplo, se recibe a un grupo de amigos a cenar y, por miedo a que falte comida, se dice que mejor que sobre para asegurar que la velada irá sobre ruedas.

Si se es muy malo calculando, puede que de una cena pensada para 6 comensales salgan 12 porciones razonables, por lo que al día siguiente de la velada quedan dos alternativas: la peor será desembarazarse de la comida sobrante tirándola a la basura, la segunda peor alternativa es cenar lo mismo durante una semana entera, y es la que mucha gente escoge.

A partir de ahora, sin embargo, se puede escoger otra opción: ofrecer esa comida a los vecinos a un precio razonable.

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